Siete de los arzobispos son de Brasil, dos de México y uno de Argentina, Guatemala, Perú y Venezuela.
El Pontífice consignó el palio a 44 arzobispos metropolitanos de todo el mundo, que impone cada año en la festividad de Pedro y Pablo, y dos de ellos lo recibieron en sus sedes metropolitanas.
El palio es una banda blanca de lana bordada que el Papa Benedicto XVI puso sobre los hombros de cada arzobispo, una indumentaria litúrgica en forma de collarín.
El rito, cuyo origen se remonta al siglo IV, tuvo lugar antes de la misa y no durante la misma, como ocurría en el pasado para abreviar su duración.
En la homilía, el Pontífice señaló que "en el evangelio emerge con fuerza la clara promesa de Jesucristo: las puertas de las fuerzas del mal no prevalecerán".













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